Qué es el Diseño de Producto

A lo largo del día nos servimos de un sinfín de cosas para llevar a cabo nuestras tareas: utensilios, herramientas, electrodomésticos, muebles, vehículos, máquinas,… Mantenemos contacto con cientos de objetos que nos ayudan a desenvolvernos en el hogar, en el trabajo, en nuestros lugares de ocio… en definitiva, en nuestra actividad cotidiana. Sin ellos la vida, tal y como la entendemos hoy, nos resultaría imposible, y gracias a ellos hemos progresado y conquistado una forma mejor de estar en el mundo.

Para que todo ese universo material sea lo más útil posible; para que sea comprensible y accesible al ser humano, se necesita de alguien que conciba cómo debe ser: que piense cuáles son la mejor forma y apariencia de los objetos, cómo se puede optimizar su función y cuáles son los valores que deben transmitir.

Esa figura es el diseñador de producto, y se sitúa al comienzo de la cadena de producción o realización del objeto.

La aparición de un nuevo producto en el mercado es siempre la respuesta a un problema, a un deseo de innovación, a una necesidad. Cuando una empresa acude al diseñador, lo que le pide es que ofrezca una solución a ese problema. Por eso decimos que el trabajo del diseñador tiene un carácter sobre todo creativo. Porque la creatividad consiste en la capacidad para encontrar soluciones a una situación problemática. La creatividad es el alma del diseñador y es su principal herramienta de trabajo.

Tras recibir un encargo, el diseñador tiene que documentarse sobre los diversos aspectos que afectan al producto a diseñar. Con ello orienta y concreta su proyecto y también estimula su creatividad.

A continuación, realiza varias propuestas, mediante dibujos y maquetas, para luego elegir aquélla que mejor responde a los requisitos de la empresa. Finalmente, sobre la idea elegida, se realizan modelos por ordenador y planos que faciliten la fabricación posterior.

El trabajo de diseñar suele realizarse además en colaboración con otros profesionales. Cada vez son más los conocimientos y técnicas implicados en esta tarea, materias que por sí solas necesitan de una especialización. De ahí que el diseñador necesite trabajar en equipo y deba saber organizar y dirigir al grupo de personas especialistas que necesita para conseguir el mejor resultado en su proyecto.

En resumen, podemos decir que el diseñador de producto aporta soluciones a los problemas materiales de nuestra vida y es el responsable, junto con los profesionales de otras disciplinas como arquitectos, ingenieros, urbanistas, etc., de la construcción de nuestro entorno, de su sostenibilidad y su adaptación a las necesidades humanas. Su trabajo debe contribuir al bienestar de las personas y la mejora de la calidad de vida de nuestra comunidad. Por esto debe ser una persona inquieta, comprometida, que se haga eco de las tendencias e inquietudes sociales y sea capaz de anticiparse a las necesidades que puedan surgir en la sociedad.

Salidas profesionales

Los sectores industriales en los que puede trabajar un diseñador de productos son muy diversos. En cada región o comarca, por variadas circunstancias, se da el predominio de algunos tipos de producción.

En la comarca de Alcoi, por ejemplo, domina la industria juguetera, seguida de la industria del mueble y la del envase. Existe también una importante industria de servicios, un sector donde cada vez en mayor medida interviene el diseñador de productos.

Pero si hablamos del panorama general, tenemos que nombrar otros ámbitos, como la iluminación, el ocio, el menaje, los electrodomésticos, los vehículos, etc. También resulta interesante destacar las formas de trabajo o tipos de organización laboral en los que se puede integrar el diseñador de productos actual.

La fórmula de trabajo más tradicional es la del diseñador contratado en una empresa especializada en un determinado producto o gama de productos. Aquí el diseñador suele trabajar en colaboración con otros profesionales de la empresa, como ingenieros y especialistas en márquetin.

Otra fórmula de trabajo muy asentada consiste en los gabinetes de diseño. Hace años, los gabinetes de diseño tendían a la especialización: gráfico, industrial o interiorismo. En la actualidad, esas fronteras se están diluyendo y los gabinetes o estudios de diseño integran a profesionales de distintas disciplinas, en respuesta a una demanda del mercado que suele pedir diseños globales, es decir, no de elementos individuales sino de un conjunto de productos y servicios que forman un todo coherente.

El cliente habitual de un gabinete de diseño suele ser una institución, pública o privada, como un banco, una diputación, etc.; o una empresa de servicios, como mensajería, agencia de viajes, empresa de construcción, etc.,…

Otra figura profesional destacada es la del freelance, o profesional que trabaja por libre. Hasta hace unos años, era un tipo presente sobre todo en el terreno de la fotografía o el diseño gráfico. Hoy en día, el tejido productivo es mucho más flexible en todos los niveles. Por eso, también abundan los diseñadores de productos de este tipo, que trabajan puntualmente para diversas empresas, sin tener un contrato duradero con ninguna.

Pero a largo plazo este tipo de profesional acaba integrándose en un estudio, debido a la creciente necesidad de trabajar en equipo. Finalmente, cabe reseñar un modelo laboral todavía poco desarrollado, pero interesante por sus espectativas, que es el de la autoproducción, que guarda muchas similitudes con el proceso artesanal.

Algunos diseñadores producen o realizan los productos que diseñan en pequeñas series, apoyándose en talleres, como carpinterías, ebanisterías, fraguas, tapicerías, talleres cerámicos o de joyería muy lejos del modelo de las grandes series industriales.

Estos productos, habitualmente dentro del ámbito del mobiliario, la iluminación, los objetos cerámicos, la joyería o la decoración se suelen poner a la venta en pequeñas tiendas especializadas, con las que el diseñador entabla una relación comercial directa, o bien, de forma cada vez más creciente, a través de la web del diseñador, de la tienda o de algún servicio de venta por internet.

Los inconvenientes de este modelo de autogestión son, por un lado, que se necesita de algún dinero inicial para poner en marcha un proyecto; y por otro, que el abanico de productos que pueden encajar en este modelo está mucho más limitado que el del modelo industrial habitual.

Pero como puntos a favor cuenta con que el diseñador controla todas las fases del proceso de trabajo, pudiendo intervenir en ellas, y además, al tratarse de un proceso con un relativamente bajo grado de mecanización y donde es posible la intervención humana, los productos se pueden personalizar o individualizar según el tipo de cliente o según distintas exigencias.

En resumen, las posibilidades de trabajo para un diseñador de productos son variadas, tanto en cuanto a la gama de objetos y cosas a diseñar como en cuanto a las formas de organizarse para producirlas.

Estas posibilidades aumentan a medida que surgen nuevas vías de gestión y organización empresarial, y de relación entre productores y potenciales compradores, sobre todo desde que internet y sus variadas manifestaciones se han convertido en un ingrediente indispensable en la dinamización económica, cultural y social.

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